la liebre bruja

La liebre Bruja


Tres muchachos amigos del pueblecillo de Aísa e n el Campo de Jaca, salieron a cazar un domingo por la mañana.

Estuvieron toda la mañana dando vueltas y como no encontraron nada que cazar se metieron en el monte de Borau

Se pararon a descansar un rato bajo un árbol y descubrieron colgado de una ram aun vestido de mujer.

Uno de los jóvenes comentó:
-Seguro que se trata de alguna bruja que se ha convertido en lobo o gato y ha dejado aquí su ropa

-Pronto lo sabremos -dijo otro. -Mi madre, al salir de misa me ha dado su rosario para que se lo guardara. Si lo colgamos en la ropa, la bruja no se atreverá a tocarla.

Y diciendo esto, sacó, del bolsillo un rosario y lo colgó sobre el vestido.

Después se escondieron detrás de unos arbustos a ver qué pasaba.

Tras esperar un buen rato, vieron que una liebre se acercaba al lugar.

Uno de los mozos agarró inmediatamente su esco­peta y ya se disponía a disparar el arma, cuando otro compañero le sujetó del brazo.

Al llegar junto a la ropa,la liebre se quedó desconcertada, la miró atentamente y empezó a dar vueltas alrededor de ella, sin atreverse a tocarla. Luego empezó a mirar por todos los lados hasta que descubrió a los muchachos.

Ellos se quedaron pasmados cuando vieron que, en vez de huir, la liebre se les acercó y con una voz extrañísima les pidió:

Quitad “eso” de encima de mi ropa, que no me puedo vestir.

El muchacho que había colocado el rosario le contestó:
-Sí, lo quitaremos, pero antes tienes que decirnos de dónde vienes y qué fechoría has cometido.
-Vengo de Borau de casa Sin, porque tenía que echarle el mal de ojo a un niño que tienen.
-Pues vuelve ahora mismo a Borau quítale el mal al niño y yo quitaré el rosario.

La bruja no se lo pensó dos veces y desapa­reció a todo correr.

Como el pueblo no estaba demasiado lejos el más rápido de ellos marchó corriendo tras la liebre a comprobar que la bruja hacía lo pactado.

Conocía a la familia que había dicho la bruja y se dirigió directamente a su casa.
-Buenos días, señora Felisa. ¿Están bien todos ustedes ?

-Ahora si, al nene esta mañana de repente se le ha puesto una fiebre muy rara, sin saber por qué. Y no se la podíamos quitar de ninguna de las maneras. Pero, de pronto, hace un ratico, igual que le ha venido la calentura se le ha marchado. Ya está jugando otra vez tan campante. Pero, pasa y tomarás un traguico de buen vino.

-No gracias: que me están esperando unos amigos

El mozo volvió corriendo a donde sus compañeros. La liebre estaba ya esperando junto al árbol.

Les contó lo que pasó en casa de sus amigos y, finalmente, decidieron quitar el rosario. La liebre se convirtió en una vieja que ellos no conocían. Se vistió y desapa­reció por el bosque.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *