El puente del diaclo

Cuento aragonés – El puente del diablo

Cuento aragonés que nos pueden contar en muchos otros lugares de Aragón casi con el mismo argumento pero cambiando el escenario, sin embargo uno de los lugares donde más fácil es evocarlo es en el Congosto de Olvena, donde incluso la señalización vial indica la presencia de “Puente del Diablo”.

Cuenta la leyenda que una muchacha del pueblo de Olvena cansada ya de tener que cruzar cada día el río para ir a donde pastan las vacas se lamentó:

Ojalá no tuviera que cruzar el río cada día, daría cualquier cosa con tal de no hacerlo, ya estoy cansada de andar siempre mojada y entumecida

El diablo que siempre está al acecho para conseguir capturar el alma de algún imprudente se le apareció de repente y le dijo:

Hola muchacha, yo te construiré un puente para que puedas cruzar cómodamente el río y nunca más pases frío, a cambio tan solo tendrás que darme tu alma

La muchacha aceptó, pero con la intención de dificultar su tarea puso la condición que debía construirlo en tan solo una noche, desde que la primera estrella asomase en el cielo hasta que cantara el gallo.

El diablo no se lo pensó dos veces y aceptó el trato, total que era para él construir un puente en una noche.

La muchacha al llegar a casa contó feliz lo sucedido pero su familia le hizo ver el error que había cometido.

El diablo nada más asomar la primera estrella en el firmamento empezó a coger piedras y a construir el puente, levantaba las piedras como si nada y como por arte de magia las tallaba y sobre el río las colocaba.

La pobre muchacha pasó toda lo noche en vela mirando por la ventana y viendo como el diablo piedra a piedra construía el puente sin ningún esfuerzo.

Ya empezaba a clarear por encima de las montañas cuando la muchacha con horror vio que el puente ya estaba prácticamente terminado, que solo le faltaban dos piedras por colocar.

El diablo estaba felíz y contento ya que se veía con un alma en el bolsillo por solo haber construido un puentecillo.

Pero entonces la muchacha tuvo una idea, corrió al gallinero, pilló al gallo por el pescuezo y lo sacudió hasta que el pobre animal muerto de miedo empezó a cantar.

El diablo que justo en ese instante estaba a punto de acabar el puente no se lo podía creer ya que el trato no había cumplido y el alma de la muchacha había perdido.

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